sábado, 13 de marzo de 2010

CATARSIS: UNA EXPERIENCIA REAL -21 DE MAYO 2,006-


“La llave es el coraje, abre la puerta del destino”

Ayer asistí a un taller de yoga, meditación y psicodrama. Había asistido al mismo taller, unos diez años atrás y sólo recordaba que había tenido una catarsis muy profunda. Por esta misma razón, cuando me avisaron que venía el mismo terapeuta, no sólo se lo recomendé a un par de amigas, sinó decidí asistir, a pesar de que en los fines de semana me cuesta hacer planes que no sean con fines recreativos para desligarme de toda la tensión de la semana.


Me dio gusto percatarme de que el grupo era pequeño, y que adicionalmente, estaba conformado por mujeres que por alguna razón, han estado en diferentes estadíos de mi vida, como una constante. Algunas en el área de la música, otras en el área psicológica.

La disciplina del yoga es algo que desconozco, (a la fecha de hoy, ya no) pero que sé que sus efectos curativos a nivel físico y mental, son milagrosos. La sesión de yoga duró aproximadamente dos horas y media. Me pareció impresionante cómo mi cuerpo –a pesar de estar entrenado en otro tipo de ejercicio- no respondía ante las posturas tan elaboradas del yoga. Me dejaban no sólo adolorida, sinó con la sensación de estar haciendo un enorme esfuerzo físico.

Fue muy fácil después de dedicar tanto tiempo al trabajo del yoga y haciendo el maestro énfasis en quitar todos los pensamientos, que entrara a un estado perfecto de meditación. La meditación fue muy breve, quizá a lo sumo unos 10 o 15 minutos; perdí la noción del tiempo, pero puedo asegurar que fue corto, y sus efectos, muy apaciguadores.

Finalizado el trabajo de meditación, entramos a la parte emocional del curso. Cada quien expusimos de una manera práctica y rápida porqué estábamos en esa ese taller y qué objetivos perseguíamos. Seguidamente, de una manera concisa exploramos qué rasgos de nuestro carácter o eventos de nuestra vida, deseábamos desbloquear.

Nunca imaginé que llevara tanto dentro: cuando me tocó mi turno, el corazón me bombeaba con fuerza, era como si quisiera salirse de su eje –intuyendo, adivinando- y explotar. Me dejé conducir por la energía fuerte, animosa, vigoroza, amorosa del grupo, y en unos cuantos minutos, fui capaz de transformarme en una persona totalmente desconocida: mis sentimientos largamente inexplorados y reprimidos salieron con ímpetu, brusquedad y pasión. Fue como partirme en mil pedazos, dejándome totalmente desorganizada y con un llanto que me era imposible refrenar. La mano amorosa del guía, me llevó a un estado de quietud. Todas las compañeras me dieron su apoyo, y al verlas directamente a los ojos, no pude evitar que desde el fondo de mi corazón, como un ser suplicante, les diera en agradecimiento, un abrazo de apoyo mutuo. Ellas también me habían conducido, me habían llevado de la mano y me habían acompañado a un rincón donde habitando en las más oscuras tinieblas, mi propio ser clamaba por la vía hacia un estadío superior de conciencia. Ahora –gracias a todos los colaboradores- la luz comienza tenue y suavemente a filtrarse a través de mis rendijas internas. “Nuestras sombras sólo son temibles cuando tratamos de reprimirlas, cuando nos negamos a concederles el reconocimiento que merecen”.

Después de compartir tanta intimidad, nos sentíamos más unidas; el grupo se había transmutado y salimos con una energía nueva. Seguramente aunque no lo reconocimos, salimos hermanadas en una misma vivencia, en un mismo objetivo, en una misma meta, en un mismo porqué…

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