lunes, 5 de abril de 2010

IMÁGENES


Tratar de dominar las imágenes me es tan imposible como querer domar a un potro salvaje sin la maestría del esfuerzo constante.
Una, dos, decenas y miles de imágenes, iban y venían, como estrellitas refulgentes que apenas sostenían su brillo.  Iban tan rápidas, que apenas dejaban su estela de polvo. Una en especial se detuvo con violencia en mi mente y como un reflejo condicionado, se me  acalambró el estómago.  Creía que ya estaba inmune a ese veneno, pero es en los momentos de mayor duda, donde toda la amalgama de funestos episodios de mi vida se me viene encima, como queriéndome devorar; es en esos momentos cuando las imágenes se me presentan con todos los brillos y colores del mundo, es decir, por su fuerza, pero opacos, mustios, sombríos, por la ponzoña que dejan en mi interior.

Sólo traté de esquivar los golpes.  No quise detenerme, preferí correr y no pensar.  Cuando pienso me pasa lo que no me gusta, esa inquietante y discordante cantidad de imágenes, a  veces con forma, otras sólo  sombras inertes que pasan y me dejan una inquietante parálisis en el alma.    

Pienso, o siento, no sé aún; que me quieren devorar, comer, engullirme en un profundo hoyo sin fondo donde no hay salida, solamente dudas, desesperanza, muerte…

Necesito huir, escapar, no sentir.  Me refugio en el mismo agujero que me vio nacer, en el útero cálido de mi madre, el que me dio vida y me devolvió la fe.  Me pierdo en ese espeso líquido blanco, caliente, con el deseo de recuperar el boquete de sol que me inundó el espíritu en los momentos clave, de entrega, instantes cumbres en que estuve con él, en los trances de pasión donde volqué mi instinto de mujer, segundos donde  los cantos que me danzaban al oído cuando lo escuchaba atenta, con atención, sin mover una pestaña, reverberaban en mí, queriéndolos incorporar en mi memoria.

Se me ocurría entonces que tal vez querría engullirme en él o hacer que él me engullera toda.  Erróneamente pensaba a veces, cuando no tenía claridad,  que de dos que se amplían, sólo cabe esperar la unidad.   Ahora sé que la unión  da la fuerza, pero la unidad sólo la da el líquido blanco, caliente, paradójicamente sólido,  que hierve con fruición en las cavernas oscuras del  alma.

Ahí me asiento  cuando sé, como ahora,  que todo lo demás es utopía y que nada voy a lograr con gritar para que todos conciban mi necesidad de fusión.  Por eso estoy perdida, aletargada, por eso las imágenes me mueven, me conduelen, me atormentan hasta volver a lo mismo, al inicio de lo que fue, ese severo golpe mortal al estómago que ya de tanto sentirlo logro medio anestesiarlo.  Pero a veces ni tanto calmante lo duerme.  Se sale, hierve, retumba, sacude, y siento que va dejando que mis hojas secas, sueltas, caigan de  su tronco, quedando pelona, vacía de todo, menos de esperanzas.  Y todo se reduce a esquivar esas imágenes que me persiguen desde siempre.  Son las mismas, con la misma cara, se detienen, me hieren, me bombardean…

Vuelvo a correr, me asusto, doy vuelta de gatos, me pongo bonita, como, escribo, huelo, siento… y mi pecado es que por más que quiera pensar, mi ser me lleva irreductiblemente a ser una silueta sombría sintiente.  Lo demás, en este momento, carece de importancia. 

Sentir es mi deber, mi placer, mi vida, mi fe mi guía, mi esperanza y mi muerte.

Esa es la voraz y desafiante paradoja de mi vida, porque no puedo dejar de pensar…

5 comentarios:

  1. fascinante tu blog, vendré mas seguido en cuanto escribas! saludos.


    buena escritora.

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  3. NO TENGO PALABRAS PARA EXPRESAR LA MAJESTUOSIDAD DE TUS POEMAS

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