lunes, 13 de marzo de 2017

ANCESTRAL




Me encuentro rodeada de una gama de altos arbustos. Me cobijo bajo su sombra, y percibo cierto gozo y placer sensual, aparejado a la experiencia. Los colores naturales de sus hojas, inundan mi visión, ante la majestuosidad de sus diversas formas.

Siento el olor a hogar perdido. Es aquél que antaño tuve, o que quizá en sueños, imaginé. Es aquél también, donde visualizo a las matronas antiguas, barriendo sus patios, a la espera del patrón.

Había una dulce quietud debajo del limonero. Ahí solían frecuentarse –en ágape- los vecinos con sus viejos relatos. Yo como siempre, escuchaba una dulce melodía, mientras me arrinconaba, leyendo a los clásicos.

Me siento todas las mañanas a reflexionar. Por las tardes, cuando contemplo el sol que se ha ido, medito acerca de lo bueno que me trajo el día por morir.

Es éste el recuerdo de antaño, de aquellas viejas ilusiones de pertenencia a un grupo, que dentro de mí jamás murieron. Es quizá aquello que siempre anhelé, y que en el camino estas ilusiones se vio truncadas por una serie de coincidentes circunstancias; quizá sea el anticipo a lo que será mi vejez. El reposo del alma ante la transición y deterioro de mi materialidad.

Quizá son mis ancestros que vuelven y reclaman lo suyo…es un sueño…es un anhelo…es…un no sé qué..

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